En genómica, pocas cuestiones han generado un debate tan persistente —y tan relevante— como el papel de las patentes. A diferencia de otros ámbitos tecnológicos, no hablamos de proteger una máquina o un proceso, sino de algo que constituye la “esencia” del ser: el material genético y, su principal representante, el ADN. ¿Cambia eso las reglas? ¿Dónde acaba el descubrimiento y empieza la invención? ¿Qué parte de ese conocimiento tiene sentido proteger?
El reciente fallecimiento de Craig Venter en abril de 2026 ha devuelto estas preguntas al centro del debate. Venter fue clave en la secuenciación del genoma humano, y un importante impulsor de la evolución técnica en ese campo. Pero su aportación no se circunscribe exclusivamente al campo de la genética. Para él, la investigación genética no era solo ciencia: también era valor. Y ese valor, defendía, debía poder protegerse y desarrollarse.
En línea con ello, Venter fue titular o co‑inventor de un amplio portafolio de patentes en genómica, secuenciación y biología sintética, muchas a través de Celera Genomics, TIGR y el J. Craig Venter Institute (JCVI). Su actividad en el campo de las patentes contribuyó al establecimiento de los estándares que se aplican actualmente: no basta identificar una secuencia → se requiere su correlación con cierta función o con un uso concreto.
En los últimos años, la genómica ha avanzado a gran velocidad. Y, con ella, también ha evolucionado el enfoque de las patentes. Hoy miramos atrás para repasar los principales hitos en torno al ADN para entender hacia dónde se dirige la innovación y la protección de esa innovación.
1. 1953 Estructura del ADN: el punto de partida
Cuando James Watson y Francis Crick describieron la doble hélice del ADN, en realidad estaban sentando las bases de todo lo que vendría después. En ese momento no había aplicaciones directas, pero sí algo más importante: por primera vez se entendía cómo se almacena y se transmite la información genética de una generación a otra. Sin ese punto de partida, nada de lo que vino después habría sido posible.
2. 1973 El primer salto a la ingeniería genética
Años más tarde, Stanley Cohen y Herbert Boyer dieron un paso más: empezar a intervenir en el ADN. Poder cortar y recombinar genes —incluso entre especies distintas— abrió un campo completamente nuevo.
A partir de entonces, surgen miles de solicitudes centradas en vectores, enzimas y métodos. Y, sobre todo, empiezan a aparecer aplicaciones muy concretas:
- Producción de insulina para el tratamiento de la diabetes.
- Desarrollo de vacunas y proteínas terapéuticas.
- Aplicaciones industriales en alimentación, como enzimas para procesos de fermentación.
3. 1983 PCR: hacer accesible el ADN
La invención de la PCR en 1983 por Kary Mullis permitió amplificar fragmentos específicos de ADN de forma exponencial a partir de muestras mínimas. Este avance transformó el ADN en un recurso accesible y manejable en cualquier laboratorio.
Desde el punto de vista de propiedad industrial, la PCR dio lugar a una de las carteras de patentes más relevantes de la biotecnología: desde las primeras patentes desarrolladas por Cetus Corporation, posteriormente adquiridas por Hoffmann-La Roche por 300 millones de dólares, hasta un amplio ecosistema de patentes sobre mejoras y aplicaciones específicas como la qPCR, la RT-PCR o la PCR digital, que han seguido impulsando la innovación incluso tras la expiración de las patentes fundamentales en torno a 2005.
Hoy la PCR está en todas partes:
- Diagnóstico de infecciones como VPH, VIH, virus respiratorios, entre otros.
- Pruebas de paternidad.
- Análisis forense a partir de cantidades mínimas de ADN.
- Detección de mutaciones genéticas asociadas a enfermedades hereditarias o cáncer.
- Identificación de bacterias o virus en el medio ambiente o en alimentos.
4. 2003 La secuenciación del genoma humano
La secuenciación del genoma humano fue otro punto de inflexión. El Proyecto Genoma Humano y la iniciativa privada liderada por Craig Venter, a través de Celera Genomics, permitió descifrar el orden completo de las bases del ADN.
Pero más allá del logro científico, lo relevante fue el cambio de enfoque. El ADN dejó de verse solo como una molécula y empezó a entenderse como información. A partir de entonces, la innovación en este ámbito se ha multiplicado, con decenas de miles de patentes relacionadas con plataformas de secuenciación, software de análisis y procesamiento de datos genómicos.
Esto se traduce en aplicaciones bastante cercanas hoy:
- Tests genéticos que permiten conocer la predisposición a determinadas enfermedades.
- Servicios de análisis de ancestros y origen genético.
- Identificación de nuevas dianas terapéuticas para el desarrollo de fármacos.
5. 2005 Secuenciación masiva (NGS): del laboratorio al “big data”
Las tecnologías de secuenciación masiva secuencian millones de fragmentos de ADN en paralelo, lo que permite leer el ADN de una forma más rápida y con un coste inferior al método Sanger, utilizado en el Proyecto del Genoma Humano.
Este salto ha consolidado el ADN como un activo de datos y ha desplazado el foco de la innovación hacia plataformas tecnológicas capaces de generar, procesar y analizar grandes volúmenes de información genética. El impacto es bastante directo en la práctica clínica:
- Medicina personalizada basada en el perfil genético de cada paciente.
- Diagnóstico de enfermedades raras mediante análisis genómico completo.
- Estudio genético de tumores para seleccionar tratamientos más eficaces.
6. 2012 CRISPR: editar el ADN
El desarrollo de CRISPR-Cas9 en 2012 supuso otro gran salto en la evolución de la genómica. Ya no se trata de leer o analizar el ADN, sino de modificarlo de forma precisa y dirigida.
Y eso abre un escenario completamente distinto, también en términos de propiedad industrial. Sus usos empiezan a ser muy tangibles:
- Desarrollo de terapias génicas dirigidas a corregir enfermedades hereditarias.
- Mejora de cultivos agrícolas para hacerlos más resistentes a condiciones adversas.
- Avances en investigación biomédica que permiten estudiar funciones génicas con mayor precisión.
En pocos años, CRISPR ha generado miles de solicitudes de patente a nivel global y uno de los entornos de litigación más complejos del ámbito biotecnológico. El origen y la evolución de esta tecnología han estado rodeados de una intensa controversia científica y jurídica sobre su “paternidad”, dando lugar a una de las mayores batallas de patentes del sector biotecnológico.
Este recorrido muestra cómo la innovación en torno al ADN ha ido ampliando, paso a paso, el propio concepto de lo que puede protegerse. De las herramientas a las aplicaciones, y de la molécula al dato, la propiedad industrial ha evolucionado al mismo ritmo que la biotecnología. El legado de Craig Venter resume bien esa transición.
Dra. Irene Gascón, Asociada del área de Patentes de Elzaburu


